Palabra de Dios

Metas y propósitos celestiales: una mirada más allá de lo terrenal

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El pastor Dimas Rodríguez desarrolló un mensaje centrado en la necesidad de que el creyente enfoque su vida en lo eterno y no en lo pasajero, tomando como base principal el pasaje de Carta a los Colosenses 3:1–5. Desde el inicio, explicó que “si hemos resucitado con Cristo, debemos buscar las cosas de arriba”, insistiendo en que la vida cristiana implica un cambio profundo de prioridades, donde lo espiritual debe ocupar el primer lugar.

Durante la prédica, señaló que el ser humano, aunque vive en la tierra y necesita suplir sus necesidades materiales, tiende a concentrarse excesivamente en lo terrenal. Frente a esto, citó la enseñanza bíblica de “poner la mira en las cosas de arriba y no en las de la tierra”, aclarando que no se trata de descuidar la vida cotidiana, sino de no permitir que lo material domine el corazón. “Dios quiere que lo espiritual esté en primer lugar”, afirmó, destacando que esta es una condición esencial para una vida alineada con la voluntad divina.

Uno de los puntos más fuertes del mensaje fue la insistencia en que la vida terrenal es temporal. El pastor ilustró cómo los bienes materiales pueden perderse fácilmente, recordando situaciones como incendios, accidentes o pérdidas inesperadas, para enfatizar que “todo lo terrenal se queda”. En ese contexto, planteó una reflexión directa sobre la vida después de la muerte, señalando que la Biblia enseña que existe una realidad eterna, lo que obliga al creyente a definir desde ahora hacia dónde se dirige su vida.

Al profundizar en el texto de Colosenses, explicó el significado de tener la vida “escondida con Cristo”, interpretándolo como una seguridad espiritual y una protección divina. Aseguró que el creyente que permanece en Cristo tiene la esperanza de participar en su gloria cuando Él se manifieste, lo que refuerza la importancia de mantener una visión eterna y no limitada a lo inmediato.

El mensaje también incluyó una exhortación firme a abandonar el pecado, apoyándose en Colosenses 3:5, donde se mencionan prácticas como la fornicación, la impureza, las pasiones desordenadas, los malos deseos y la avaricia, la cual es calificada como idolatría. Rodríguez fue contundente al señalar que no es coherente esperar la vida eterna mientras se persiste en este tipo de conductas, subrayando que la santidad es un requisito indispensable en la vida cristiana.

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En otro momento, reforzó su enseñanza con palabras del Evangelio de Mateo 6:19–21, donde se advierte: “no hagáis tesoros en la tierra”. A partir de este pasaje, explicó que el problema no es el dinero en sí, sino la prioridad que se le da. “Donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón”, citó, señalando que las decisiones del ser humano revelan aquello que realmente valora.

Asimismo, recurrió a la parábola del rico insensato narrada en Evangelio de Lucas 12:16–21, destacando cómo este hombre acumuló bienes pensando en disfrutar su riqueza, pero fue confrontado por Dios con la frase: “Necio, esta noche vienen a pedir tu alma”. Con este ejemplo, el pastor advirtió sobre el peligro de vivir enfocado únicamente en lo material sin considerar la dimensión espiritual de la existencia.

Otro de los momentos más enfáticos del mensaje se dio al citar Evangelio de Mateo 16:26: “¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?”. Rodríguez utilizó este versículo para confrontar directamente a la audiencia, planteando que ninguna riqueza o logro terrenal puede compararse con el valor del alma, ni compensar su pérdida.

El pastor también hizo referencia a Epístola a los Hebreos 12:2–6, donde se exhorta a poner los ojos en Jesucristo, quien “por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz”. A partir de este pasaje, enfatizó la importancia de la perseverancia, cuestionando a los creyentes que se desaniman con facilidad: “¿está sufriendo usted más que lo que sufrió Jesús?”, planteó, llamando a resistir y mantenerse firmes en la fe.

En la parte final, abordó el tema de la disciplina, recordando que “el Señor al que ama, disciplina”, y que la corrección es una señal de que Dios trata al creyente como hijo. En ese sentido, exhortó a no desmayar ni apartarse, advirtiendo que la debilidad espiritual y la falta de compromiso pueden alejar a la persona del propósito de Dios.

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El mensaje concluyó con un llamado claro a vivir con metas y propósitos celestiales, entendiendo que la salvación es personal y que no basta con palabras o apariencias. El pastor insistió en que el creyente debe vivir en santidad, mantener su mirada en Cristo y perseverar hasta el final, recordando que la verdadera meta no está en esta tierra, sino en la eternidad.

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